- Aquel que esté libre de enfermedades que arroje el primer síntoma.

1).- El universo tuvo su minuto privado y originario, en la mente del Señor Nietzsche! Demos gracias al Señor! Se trató de un instante terrible y quizá el peor y el más mentiroso de la historia. Un momento en el cual se fundó el conocimiento humano. Vaya sorpresa….Luego todo cayó en un extenso olvido, aunque las secuelas de aquellos acontecimientos, persisten aún hoy, en la inteligencia biológica del hombre, que funciona de igual modo que la disposición natural de todas las cosas, sujeta al mismo patrón de conducta que una mosca. Mosca y hombre hermanos de la tierra. El hombre adiciona a su existencia precisa e indefinida, una intención poderosa y egocéntrica, que lo convierte en el centro absoluto del universo. Considerando esta procedencia, la inteligencia humana es una patética sede de soberbia y de autoengaño. La educación fomenta dichos tópicos de locura, contribuyendo de manera solemne a la instauración de una fábula. El hombre que aspira al conocimiento del hombre, se olvida de vivir. Este olvido es un proceso de transformación paulatino y lento, caracterizado por una metafísica de abandonos y una desontologización del lenguaje. Pero es la presencia recurrente y no la omisión de la lógica occidental quien causa estragos, haciendo del hombre un ente enfermo y sediento de verdad. La búsqueda jadeante de luz, fue un error de afirmación ególatra, que motivó y condujo a la especie, al peor crimen de todos: la muerte de Dios.

Nietzsche representado por el personaje incrédulo del loco, denuncia este crimen ante un mercado público lleno de ateos, advirtiendo que su anuncio llega a destiempo, mucho antes de que el hombre pueda comprender este significado. Querer cambiar es un destino. La fuerza posesiva que trata de someter la realidad a una creencia interesada, deforma la neutralidad y pureza de las ideas. Ese es el paso de la lógica a la epilepsia.

El mundo deja entonces de ser lo que es y se entabla la lucha a muerte entre el autoritarismo moralista y el límite de la razón propia, por pequeña o grande que sea, entre la libertad creadora y la dependencia injusta. Para llenar el vacío cruel que deja la ausencia de Dios surge una calaña de impostores, que abarcan un vasto espectro de criminales, malditos, perversos, santos, verdugos, mercenarios, iluminados, videntes, profetas, ensimismados en sí mimados y prostituidos por doquier y por las dudas. Los hay tan antiguos como Cristo, Mahoma y Buda o modernos como Virilio, Deleuze, Kristeva, Freud o Lacan. Sólo para nombrar los más obscuros porque los otros metidos en la autoayuda y las metamorfosis de la fe y de las cadenas místicas ni siquiera merecen una crítica. Ellos los complicados son archi-inteligentes, archi-capaces, archi-elocuentes debido a la numerosa clientela cautiva e hipnotizada, que tienen a su merced…porque saben adaptarse a las circunstancias y cambiar los paradigmas de la época, con nuevas propuestas y esquemas salvacionistas. Todos ellos, han hecho plagio copiando a uno y trabajos de investigación, copiando a muchos. Todos prefiguran alguna forma de engaño y de estafa al cliente, ese miembro desesperado, que se esfuerza por sobresalir de la mediocridad, a riesgo de perder en el esfuerzo, por locura u olvido, su propia identidad. El núcleo penal de esta estafa social es el engaño, la ilusión que se vive como verdad y realidad, surgida como efecto de un discurso, de una palabra seductora y de la oratoria sagaz. Los falsificadores de la realidad proponen nuevos mundos, sitios tan distantes como imposibles, revelando las claves y caminos viables, para llegar a ellos, y por supuesto ser exitosos o ganadores del juego. Se diferencian del común de la gente porque son casos únicos, ejemplares exóticos, raras avis, que hablan un lenguaje esotérico complejo y ambiguo.
Son herederos de tradiciones emparentadas con rituales y artes de la magia, la seducción, la sugestión y la hipnosis. No se los puede comprender ni explicar, solamente por medio de una teoría materialista histórica, por ejemplo, y el fetiche de la mercancía y una conciencia clasista. Hay algo más en todo esto y a los psiquiatras les toca una cuota de la parte del misterio, que los mantiene apegados, en una caótica patología de la esperanza.

- Si el significante es arbitrario, un discurso puede decir cualquier cosa.

2).- Las palabras se usan para muchas cosas y copias. Se usan por ejemplo para aceptar una compra, declarar un embargo, prescribir un remedio, experimentar con una receta de cocina, describir el recorrido de un viaje, exclamar dichas de felicidad, actuar personajes, recitar poemas, dividir y multiplicar, cantar, crear códigos y también poder definir a la persona, como un ente susceptible de adquirir derechos y contraer obligaciones. Cada palabra tiene su historia y todas las cosas existentes tienen el derecho a ser nombradas en el devenir de una historia, y para llegar a esta definición de persona, hizo falta que Hegel concibiera en Jena, la Filosofía del Espíritu, donde establece que el Estado es un ente racional. El espíritu de la racionalidad queda por lo tanto reglamentado sobre una base de eticidad y de legalidad. Hizo falta tiempo, azar, coraje y cambios, simplemente y parafraseando a Hawking, porque este nuestro universo se empeña en persistir. La tierra, como muestra la película de Al Gore: “An inconvenient truth", es una bolita muy frágil y pequeñita girando en medio del hervidero universal. Todo lo que somos está ahí. Desde los inicios inciertos, cuando el hombre vivía adscrito a una familia, un clan, un grupo, a un señor o una señora, alguna comunidad religiosa o antirreligiosa, desde los enclenques imperios orientales tan despóticos y teocráticos ellos, hasta la polis griega esclavista y homofílica, donde surgieron los primeros sistemas -y qué sistemas- del pensamiento occidental con el dúo de Aristóteles y Platón, pasando por la cittá de Roma, donde se instaura el derecho público y privado y continuando luego por una fase medievalista, sustentada en cúmulos de lealtades personales. Los Reinos y los reinados de entonces, eran inestables y las instituciones cambiantes. El feudalismo hasta el siglo XII funcionaba organizado en regiones y principios territoriales, donde se afirmaron los factores eclesiásticos, la estabilidad continental y el dominio de la Iglesia, que dan a luz finalmente y debido a tanta preñez, al primogénito estado Moderno, en un proceso evolutivo que culmina en las monarquías absolutas con unificación territorial y asunción del poder real y temporal en manos del Rey. Por lo tanto el pasaje del estado salvaje al estado democrático es un proceso doloroso y lleno de cambios y mutaciones socio-económico-políticas. El derecho emana y depende de la forma que adquiere el poder de turno, perosiempre se trata de tener esa necesaria capacidad para influenciar y determinar la conducta de otros seres humanos. Tenemos algunos principios elementales y universales que condicionan o determinan nuestra existencia. Un amigo de la infancia que se llama Arturo es un amigo abogado, que me reveló un día de confesiones, el misterio de su ciclotimia: Cuando tengo dinero- dijo muy campante- soy un librepensador y cuando estoy seco asumo el determinismo de mi pesada y dolorosa existencia. Si buscamos otro ejemplo que abundan y valen más que los discursos pensemos en las muchas personas que ejercen la profesión médica sin haber cursado la carrera, y habiendo adquirido el título habilitante mediante una vía ilegal, se destacan como profesionales de la salud, demostrando que no existe correlación alguna entre teoría y praxis. Una cosa son los estudios y otra muy distinta es el ejercicio real de la profesión. El título responde al modelo que legaliza el ejercicio de un oficio y delimita sus incumbencias, en cambio la experiencia resume la ley de la calle, exige otras pruebas y rituales y no requiere de la confirmación teorética. El hombre es un animal inteligente, porque se puede adaptar a los cambios del entorno y porque decide de modo correcto y conveniente las acciones a seguir acorde a las necesidades y las circunstancias. Este pequeño detalle es clave y diferencia el punto de vista entre Ortega y Gasset, cuando expresa yo soy yo mis circunstancias y Borges que afirma yo soy mi circunstancia, simplemente porque para Borges el Yo es un estado de urgencia y de casual aparición, que depende del contexto y de los otros.El derecho a la locura, entonces y para concluir, o la locura del derecho, reside en la mente del psiquiatra que es su Yo, o en la exterioridad del Estado, que es el Orden instituido. El título es un diagnóstico construido. De ahí en más cada cual elabore sus ideas.

- En la novela como en el teatro existe el derecho a la locura.

3).- América es aquella novela donde Kafka se dedica a fantasear sobre el Gran Teatro del Mundo. La comedia humana merece los esfuerzos que hagan falta, para ser vivida y vívida, porque la ley del teatro prevalece sobre la misma existencia. El drama teatral, la novela y la farsa cotidiana inducen y refuerzan la aparición del verdadero sentido común, que es la sumatoria de creencias o proposiciones que sirven a la mayoría de la gente, prudentes y no se derivan de conocimientos esotéricos, investigaciones o de estudios relevantes. Una creencia responde a un paradigma o modelo creado por la mente, para satisfacer un deseo real, pero ligado a experiencias y acciones. Las creencias pueden ser esotéricas, religiosas, científicas, pseudo científicas, históricas, políticas, conspirativas, etc. Las creencias religiosas, determina un estado de asentimiento personal, basado en la fe, que revela la dimensión divina. Hay sectas que promueven el esoterismo, el ocultismo, los fenómenos paranormales y los poderes secretos, basados en el desarrollo de la espiritualidad, como sabiduría y fuerza, amor, potencia y luz del mundo, conciencia evolutiva y progreso humanista por medio de una eterna reencarnación de la inteligencia humana y universal, diferente del espiritismo, que es el estudio de los espíritus y sus relaciones con el cuerpo, y que proviene desde el día en que Odiseo baja al Hades para dialogar con sus amigos muertos en Troya, y del momento en que Shakespeare, coloca el fantasma del rey asesinado, que reclama la venganza a su hijo dilecto, y se veía reflejado en las sombras de las paredes del castillo. Finalmente la gran-gran-gran trama-trama-trama, del texto y del teatro de la vida de la muerte y de la muerte de la vida y del más allá de la vida y de muerte, del fin, del principio, del medio, de los laterales y de los ad láteres, depende del hombre-hombre-hombre, quien no cesa de clamar por el misterio-irresuelto-misterio, tras la incesante eternidad. Kant puso límites a la razón de vivir mediante la búsqueda de poderes, posesiones y gloria. El hombre tiene y hace lugar a la sed de gloria. Pretende ser reconocido y que a su paso se produzcan milagros espontáneos, porque siendo un hombre particular, representante de esos prodigios, se llenará de divinidad y de poder.

Hay a ojo de buen cubero, tres grandes escenarios del teatro y del conocimiento universal, cuyos guiones representan los tres tipos de diálogos posibles: el religioso, el científico y el filosófico. El teatro es una mezcla de creencias, misticismo y espectáculo, opuestos a la crítica y a los goces estéticos, propios del hombre moderno o simplemente una acción pasatista ligada a la descomunión posmodernista. En el teatro hay una forma del rito del paso, finalmente el actor se encuentra frente a su veedor o verdugo, el público a quien debe seducir, mutilar engañar, conducir hasta el punto en el cual las dos partes se reconozcan. Todo se resume en el gran teatro del universo y de la vida, donde las musas impulsan la inacabada gestión de la mente. Musa es mente y es una música en la mente, que surge en esa Grecia clásica que fue la cuna de los mitos y del lógos.

- El hombre calma su locura al ser estafado por los impostores sociales.

4).- Ante la pregunta si hay derecho a la locura mi querido pacientillo Bernardo

respondió entre sonrisas y apuros: “Si hay derecho a ser médico, hay derecho

a ser loco., pero el derecho a la locura de uno termina donde empieza el

derecho a la locura del otro, y resulta difícil discernir el límite. Ser loco es no

tener derecho a la sinrazón y estar perdido en el psiquiátrico.” Hasta aquí todo

marchaba viento en popa, pero de repente se produce un golpe de timón: “La

locura es la falta de decanoato y no hay derecho a la falta de decanoato”.

Bibliografía: Recuerdos sobre textos de Nietzsche, Ciorán, Onfray y muchos más.